Tan sólo un león cobarde
Otra vez no pude lograrlo. Trepé al árbol, me quedé quieto ahí hasta que se hizo de noche..esperé, esperé y esperé en silencio. Tenía un poco de miedo, pero debía hacerlo… todos los animales del bosque me estaban mirando y se iban a reír de mi por el resto de sus vidas si no demostraba lo malo que puedo ser.
De golpe escuche ruidos, entonces me preparé para dar mi gran salto y atacar pero… ¿a qué no se imaginan lo que sucedió? ¡¡Era un blanco y hermoso conejito!! Cuando iba a atacarlo él me miró con tanta ternura que inmediatamente no pude más que sonreír.
Yo, Leoncio, debería ser el REY de este bosque. Todos los animales tendrían que esconderse de mi sin soportar el miedo. Pero, ¿a quién quiero mentirle? Si en realidad no soy más que un león cobarde que no se anima ni a matar a una lombríz.
De todos modos, todos tenemos miedos ocultos a una cosa u otra. Son esos miedos que nos acompañan siempre y que a veces son de lo más extraños. Estoy seguro de que ustedes también deben tener miedos, por lo menos a algo, ¿me los cuentan?




